Hojas.
Han pasado casi cuatro años y, aunque la vida ha seguido su curso, el dolor permanece intacto, como una herida que decidió no cerrar jamás.
El 17 de febrero del 2020 te conocí, de la manera más extraña y en uno de los momentos más complicados de mi vida. Un mes después, el 20 de marzo del 2020, comenzamos una relación. Faltaban apenas cuatro días para mi cumpleaños y, aunque todo ocurrió de forma vertiginosa, fuiste el mayor regalo y la primera alegría en mis entonces diecisiete años.
Dos años después, el 20 de marzo del 2022, la relación terminó de la forma más dolorosa e irreparable que pude haber imaginado. Otra vez, a cuatro días de mi cumpleaños… como si la vida quisiera recordarme que incluso las fechas bonitas pueden destruirse en un pestañeo.
La fecha final, la definitiva, la que de verdad selló todo, fue el 13 de julio del 2022, cuando, frente a mis padres, decidiste anunciar —por ti solo— que ya no estábamos juntos. Ese día no sólo se rompió lo que quedaba entre nosotros; algo en mí también se quebró sin posibilidad de ser recuperado.
Jamás culpé a mi amiga por presentarnos. Al contrario, muchas veces le agradecí. Y también agradecí, aunque en silencio, a quien estaba con ella en ese entonces. Nunca supe si debía agradecerles por lo bueno… o por el dolor que también vino después.
Me enseñaste tantas cosas. Unas buenas, otras terribles. Algunas me hicieron sonreír en días donde lo único que quería era desaparecer, y otras me hundieron en ese mismo deseo. Me hiciste daño, pero aun así me quedé. Me quedé porque creí —ingenuamente, tercamente— que podías cambiar, o que yo podía hacerlo por ti.
Fui testigo de tus malos ratos, cómplice de tus malas decisiones. Intenté encajar en tu mundo, moldearme a tu ritmo, hacerme pequeña cuando era necesario. Pero aun así… nada de eso fue suficiente. Ni las noches en las que me quedaba contigo viendo películas, ni las conversaciones interminables, ni las carcajadas que parecían iluminarlo todo. Nada fue suficiente para ti.
Me pregunté una y otra vez: “¿Por qué?” “¿Por qué, si fui tan buena contigo, merecí un final tan cruel?” Hasta hoy no existe respuesta que calme esas preguntas. Sé que era complicada, que discutía, que me enojaba por cosas que tú llamabas “tontas”. Pero nada justificaba que me desecharas como si fuese basura.
A veces pienso en tu cambio drástico y un nudo me sube del estómago a la garganta. Me cierro. Me quedo muda. Golpeo mi mente una y otra vez buscando un sentido, alguna pieza perdida, algo que explique lo que pasó.
Ya no lloro. Ni siquiera puedo hacerlo desde aquella situación. Mi mente bloqueó emociones, borró escenas importantes… y esa ausencia me ahoga. Quisiera preguntarte, que me contaras lo que falta, qué fue exactamente lo que te llevaste contigo —porque te llevaste algo— y no sé bien qué era, pero me pertenecía.
A veces mi cerebro reproduce recuerdos felices como si quisiera torturarme con lo que un día fue. Y otras veces, de madrugada, me atacan esos otros recuerdos: los horribles, los que me provocan náuseas, los que incendian mi pecho con un calor desesperante.
Me encantaría saber cómo fue tan sencillo para ti seguir adelante. Cómo se puede soltar con tanta facilidad una historia que a mí todavía me tiembla adentro. Debo admitir que ya no siento nada por ti. Pero el dolor… el dolor no desaparece de la noche a la mañana, ni mucho menos de la misma forma en que lo causaste.
Casi cuatro años. Y no estoy estancada, porque estoy bien… o al menos eso intento la mayor parte del tiempo. Hasta que llega algún momento, una tarde cualquiera, una canción, un recuerdo, una sensación… y me siento al borde del colapso. Entonces tengo que medicarme para recuperar la calma o fumar para que mi cerebro deje de arrastrarme al pasado y mis hombros dejen de tensarse como si esperaran un golpe.
Y aquí estoy hoy, escribiendo esta carta que es aceptación y despedida al mismo tiempo.
Aceptación porque entiendo que ya no queda nada que recuperar. Despedida porque, aunque duela admitirlo, por fin te dejo ir de verdad.
Esta no es la única hoja que se rompe.
Hubo muchas antes, y quizá habrá otras después. Pero esta… esta es la primera que decido romper yo.
Porque, aunque ya no te quiera, y aunque ya no seas parte de mi vida, aunque tu ausencia pese menos que antes… la verdad inevitable es que: Siempre fui tuya. Antes, en el transcurso de la relación, y también cuando terminó.
Hoy dejo de serlo. Hoy me suelto. Y rompo esta hoja para no volver a escribirte nunca más.


Es un escrito tan hermoso y doloroso ❤️🩹 fue algo alguna vez sentí, durante muchos meses ya hace un tiempo. Algo que dejé atrás, algo que ya sanó. Pero cuando escucho esa canción o veo ese dibujo aún recuerdo, sí, recuerdo lo lindo, lo que algún día me hizo sonreír tanto y que siempre quedará guardado en mi corazón como lo hermoso que fue, pero también recuerdo ese sentimiento que aún se esconde en mi interior, ese que tu sabes describir con tanta delicadeza y realidad ❤️🩹
Me siento igual ahora mismo, gracias por compartirlo 😭💗